La equivalencia dinámica en la traducción busca transmitir el significado y la función del texto en la lengua meta, incluso a costa de desviarse de la estructura original. Su principal ventaja es la claridad comunicativa: el texto se vuelve accesible, fluido y comprensible para los lectores modernos. En contextos educativos o pastorales, esto puede ser una verdadera ventaja, no una desventaja.
Sin embargo, desde una perspectiva basada en la evidencia, la equivalencia dinámica introduce limitaciones significativas. Aumenta la distancia entre los datos originales y la interpretación, a medida que las decisiones del traductor se vuelven menos transparentes. Con el tiempo, se vuelve cada vez más difícil distinguir lo que se basa directamente en el texto original de lo que refleja una adaptación cultural, un marco teológico o un refinamiento interpretativo.
A nivel personal, no juzgo las traducciones como "buenas" o "malas" en sí mismas.
Sin embargo, sí evalúo la política de traducción que las sustenta: qué prioridades se adoptaron, qué concesiones se aceptaron y con qué claridad se comunican estas decisiones al lector. La misma traducción puede ser apropiada en un contexto y engañosa en otro, dependiendo de cómo se utilice y presente.
El problema, entonces, no es el método en sí, sino la falta de una señalización clara.Cuando una traducción dinámicamente equivalente se trata como si fuera estructuralmente cercana al texto original, los lectores pierden acceso a la incertidumbre, la ambigüedad y las interpretaciones alternativas. Las decisiones interpretativas desaparecen en el texto.
¿Cómo se puede remediar esto? Primero, mediante la transparencia en la traducción. Siempre que una traducción priorice el efecto sobre la forma, esto debe hacerse evidente mediante notas a pie de página, comentarios o versiones paralelas, más literales. El objetivo no es desacreditar la traducción, sino mantener una conexión trazable entre los datos y la interpretación. En segundo lugar, mediante la superposición de niveles de lectura. La traducción dinámica puede favorecer la recepción y la comprensión, pero el trabajo analítico debe retomar formas más cercanas a la fuente. Solo comparando estas capas podemos evaluar qué elementos son estables y cuáles surgen como resultado de la adaptación interpretativa. Finalmente, la proporcionalidad es importante. Cuanto mayor sea el papel de las decisiones interpretativas, mayor será la necesidad de cautela interpretativa. La equivalencia dinámica no es intrínsecamente problemática; solo lo es cuando su carácter interpretativo se debilita.
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| Eva Bronzini | pexels.com |

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