Proyección trasera

Uno de los errores interpretativos más comunes al leer la Biblia es la proyección retrospectiva: la atribución a un texto antiguo de significados, preguntas y categorías cognitivas que surgieron solo muchos siglos después. Dentro del enfoque de Evidence-Based Biblical Studies (EBBS), la proyección retrospectiva no se trata como un error moral o ideológico, sino como uno metodológico, que consiste en la confusión de niveles entre los datos y la interpretación. Un ámbito clásico en el que este fenómeno se vuelve visible es la cuestión de la forma de la Tierra.

Los textos bíblicos no plantean preguntas sobre la geometría del planeta. No porque sus autores poseyeran alguna “verdad oculta”, ni porque estuvieran equivocados, sino porque esa pregunta quedaba fuera de su horizonte cognitivo. La Biblia opera con un lenguaje fenomenológico: describe el mundo tal como se experimenta—la tierra bajo los pies, el cielo arriba, el horizonte, la salida y la puesta del sol. Son descripciones funcionales y relacionales, no basadas en modelos. El problema surge solo cuando un lector moderno comienza a preguntarse si la Biblia enseña que la Tierra es plana o esférica—y luego intenta encontrar “pruebas” de una de estas posturas en el texto.

Desde la perspectiva de EBBS, ese movimiento es una señal de advertencia. Indica que la pregunta precede a los datos, en lugar de ser al revés. Expresiones como “el círculo de la tierra”, “los confines del mundo” o “los cimientos de la tierra” se extraen entonces de sus contextos literarios y de género, y se cargan con un significado cosmológico que no tenían en su uso original. Esto es precisamente lo que implica la proyección retrospectiva: el texto se convierte en una pantalla sobre la que se proyectan debates contemporáneos, en vez de ser una fuente a partir de la cual se reconstruye una manera antigua de hablar sobre la realidad.

Michelangelo, Public Domain | Wiki

Es importante subrayar que EBBS no defiende la idea de que la Biblia “sabía más” que la ciencia de su época, ni que anticipara la cosmología moderna. Sin embargo, sí señala algo distinto que a menudo se pasa por alto: la Biblia no contiene afirmaciones que sean contradichas directamente por los hallazgos científicos, precisamente porque no intenta hablar en el mismo nivel de descripción. No formula modelos físicos, no define parámetros geométricos ni emplea el lenguaje de teorías empíricas. Es esa contención—más que cualquier conocimiento científico oculto—lo que hoy a muchos les resulta más llamativo.

En este sentido, las preguntas sobre una “forma bíblica de la Tierra” suelen revelar más acerca de nuestras tensiones epistémicas contemporáneas que sobre el texto mismo. La integridad metodológica, por tanto, no consiste en demostrar que la Biblia coincide con la ciencia, ni que se le opone, sino en mantener el orden adecuado de la indagación: primero preguntar qué dice realmente el texto sobre la base de los datos disponibles, y solo después considerar qué significado puede tener esto para nosotros hoy. EBBS no cierra la discusión, pero la enmarca de tal modo que el sentido no sea un producto de expectativas, sino una respuesta proporcionada a la evidencia disponible.

EBBS no niega el derecho de los creyentes a buscar en la Biblia significados que correspondan a lo que entienden, sienten o experimentan. Solo enfatiza que ese significado—aunque sea existencialmente importante—no puede funcionar automáticamente como argumento interpretativo al nivel de los datos textuales.

La EBBS no niega el derecho de los creyentes a buscar significados en la Biblia que correspondan a lo que entienden, sienten o experimentan. Simplemente enfatiza que dicho significado, aunque sea existencialmente importante, no puede funcionar automáticamente como argumento interpretativo a nivel de datos textuales.

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